Madres bolivianas: el pilar económico que impulsa hogares y mercados nacionales

En Bolivia, miles de madres emergen como protagonistas silenciosas pero fundamentales de la economía cotidiana. Desde el comercio informal hasta los servicios y el trabajo independiente, estas mujeres no solo sostienen sus hogares, sino que también dinamizan sectores clave del país.

En el paseo artesanal La Recoba, en Santa Cruz, el viento frío acompaña a Carmen Yépez, una emprendedora con más de dos décadas trabajando por cuenta propia. Su negocio, nacido de la necesidad y no del deseo, refleja la realidad de muchas mujeres que, ante la urgencia económica, deciden asumir la responsabilidad de generar ingresos para sus familias. «Al principio fue por necesidad, porque una no puede quedarse con los brazos cruzados cuando siente que la olla se vacía», relata Carmen, destacando la resiliencia que caracteriza a este sector.

Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), más de la mitad de las madres bolivianas está activamente inserta en el mercado laboral, y su contribución representa cerca del 50% del ingreso promedio en los hogares. Sin embargo, gran parte de ellas enfrentan condiciones de informalidad y exclusión financiera que limitan su desarrollo. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) advierte que, a nivel regional, las mujeres sufren precariedad laboral, menores salarios y una carga desproporcionada de trabajo no remunerado, aspectos que impulsan a muchas hacia el autoempleo.

El caso de Selma Linares, abogada paceña y madre soltera, ilustra estas dificultades. Tras criar sola a sus hijas, optó por el ejercicio independiente de su profesión como única vía para combinar ingresos y responsabilidades familiares. A sus más de 60 años, Selma continúa trabajando debido a la insuficiencia de su jubilación mínima, enfrentando además barreras para acceder a crédito formal y soportando cargas tributarias que muchas veces prioriza por encima de necesidades básicas. «Mujer, madre soltera, sin casa propia y sin ingreso fijo… imposible obtener un préstamo», comenta resignada.

Esta realidad es compartida por muchas otras, como Carmen Yépez, quien reconoce los desafíos cotidianos que implica crecer económicamente y ofrecer empleo en un entorno marcado por la informalidad, la falta de seguridad social y la ausencia de beneficios laborales. «Hemos cometido errores y también nos han engañado, pero seguimos adelante. Lo importante es que seguimos aquí», afirma.

La economista Carmen Correa señala que el aporte de estas madres suele permanecer invisible debido a que muchas de sus actividades se realizan fuera de las estructuras económicas formales. No obstante, subraya que ellas sostienen circuitos completos de producción, comercio y consumo, incluso en contextos de crisis y desaceleración económica.

En definitiva, la economía boliviana tiene un rostro maternal: mujeres que madrugan, trabajan jornadas extenuantes, generan casi la mitad de los ingresos familiares y, pese a ello, continúan enfrentando brechas estructurales que demandan atención urgente para garantizar su inclusión plena y digna en el desarrollo nacional.

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