Las paradas del sistema de Buses de Tránsito Rápido (BRT) construidas en 2018 a lo largo del primer anillo presentan un estado crítico de deterioro, con vidrios rotos, cables sueltos y acumulación de basura. Estas instalaciones, cuyo costo osciló entre 5 y 10 millones de bolivianos cada una, han sido completamente abandonadas y empleadas como dormitorios y baños improvisados por personas en situación de calle.
En total, son 24 estaciones que forman parte de un proyecto integral para modernizar el transporte público en la ciudad, con una inversión superior a los 156 millones de bolivianos, financiada parcialmente mediante un crédito internacional de 37 millones de dólares. Sin embargo, el mal uso y falta de mantenimiento han sepultado esta millonaria apuesta urbana.
Vecinos y expertos denuncian la deplorable situación: puertas forzadas, cámaras de vigilancia robadas, estructuras dañadas y la proliferación de desechos, evidencia de la ausencia de control y protección. Comerciantes ambulantes también han ocupado parte de las estaciones para vender sus productos, incrementando el caos y la degradación del entorno.
El presidente del Colegio de Arquitectos de Bolivia, Ernesto Urzagasti, sostiene que el diseño inicial debe ser revisado para retomar el proyecto, integrándolo con futuras rutas troncales y evitando usos impropios como locales comerciales o turísticos. Por su parte, el urbanista Fernando Prado recomienda implementar un plan provisional de recuperación de estas infraestructuras, que permita preservar su potencial para un sistema BRT moderno y eficiente.
La Municipalidad de Santa Cruz ha iniciado labores de limpieza y corte de maleza en la zona, y planea reunirse con el organismo internacional JICA para avanzar en la reactivación del transporte público urbano.
Este panorama pone en evidencia la urgente necesidad de gestionar y proteger las inversiones públicas, garantizando que los espacios diseñados para mejorar la movilidad no se conviertan en símbolos del abandono y la crisis social.
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