Ayer, el Tribunal Supremo Electoral (TSE) presentó su primera experiencia de debates simultáneos para las elecciones subnacionales, un formato que se extenderá este sábado en El Alto y el domingo en las capitales de los nueve departamentos, donde los candidatos a los municipios tendrán la oportunidad de exponer sus propuestas.
Uno de los segmentos más esperados del debate por la Gobernación de Santa Cruz reunió a figuras prominentes con trayectorias significativas y asuntos pendientes en la política regional. Antes de iniciarse, ya circulaba la etiqueta que describía la alta expectativa: el “grupo de la muerte”.
En esta sección del debate, se dieron cita Branko Marinkovic, Juan Pablo Velasco, Luis Fernando Camacho, Otto Ritter y Guido Nayar, cinco candidatos reconocidos, cada uno con un pasado marcado por el poder, la confrontación o una notable presencia pública. Este grupo cerró la jornada del primer debate simultáneo organizado por el TSE.
La promesa era un intenso cruce de opiniones. Sin embargo, gran parte de la velada estuvo caracterizada por la presentación de propuestas coincidentes en temas como salud, autonomía, infraestructura y producción. A esto se sumaron alusiones personales y reproches que, en ocasiones, desviaron la atención del contenido central del debate.
La dinámica dejó claro un aspecto fundamental: nadie en ese grupo era un extraño para los demás. Todos parecían comunicarse con relatos previos que pesaban sobre ellos.
Marinkovic inauguró el debate con un discurso enfocado en la salud, la producción y la autonomía. Prometió construir un nuevo hospital oncológico, mejorar los hospitales de tercer nivel, digitalizar las fichas médicas y revitalizar las provincias mediante la provisión de agua, luz y caminos. También abordó la temática del pequeño productor, la titulación individual y el desarrollo del hub de Viru Viru como una estrategia generadora de empleo que no cargaría costos al Estado departamental. Su tono fue el de un gestor que aboga por la autonomía: proclamó que había llegado el momento de “ser realmente autónomos”.
No obstante, pronto se evidenció que el debate se adentraría en terrenos más controversiales. Juan Pablo Velasco llevó la conversación hacia los decretos relacionados con importaciones y exportaciones; Guido Nayar le recordó los años del partido demócrata en la Gobernación y la falta de avances; por su parte, Otto Ritter le lanzó una pregunta casi amigable, mostrando apoyo, acerca de cómo podría su gestión como senador ser respaldada desde la Gobernación. Este momento alimentó la percepción de que, más allá de cuestionamientos contundentes, también emergieron gestos cordiales y puntos en común entre algunos de los candidatos.
Velasco, por su parte, optó por un enfoque diferente, intentando posicionar su mensaje en torno a la idea de futuro, innovación y renovación generacional. Defendió la necesidad de contar con hospitales especializados, fortalecer la salud mental, descentralizar servicios y ofrecer formación tecnológica para que los jóvenes pasen de ser meros consumidores digitales a generadores de innovación. Su ambiciosa propuesta buscaba sacar a cientos de miles de personas de la pobreza a través de la educación, la tecnología y la inversión.
Camacho, quien llegó al debate con el peso simbólico de haber estado tres años en prisión, fundamentó su intervención en esa experiencia reciente. El Gobernador fue detenido a finales de 2022 bajo la acusación de haber impulsado un «golpe de Estado», un cargo que ni la Justicia ni la Fiscalía lograron demostrar.
Durante su participación, hizo hincapié en la autonomía, el federalismo, la construcción del hospital oncológico, una educación sin «ideologías», la lucha contra los avasallamientos y la continuidad de proyectos estratégicos como Puerto Busch, el hub de Viru Viru y el fomento productivo del sector agropecuario. No obstante, ante las críticas por la falta de obras y promesas incumplidas, siempre recurría al mismo argumento: su encarcelamiento durante tres años interrumpió su gestión.
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