Escasez de diésel paraliza al sector agrícola en Santa Cruz en su momento de mayor producción

La demanda supera con creces la oferta, afectando a más de 4.000 transportistas durante la campaña agrícola en plena actividad. YPFB ha incrementado los despachos, sin embargo, el desabastecimiento persiste. La compañía estatal atribuye esta situación a una demanda excepcionalmente alta del carburante.

La falta de diésel vuelve a poner en jaque la cadena productiva en Santa Cruz, justo en la etapa más crucial para el agro: la cosecha de verano. Largas filas en las estaciones de servicio, cisternas detenidas y transportistas que no pueden cumplir sus rutas evidencian un problema recurrente que esta vez cobra mayor relevancia por el volumen de producción en juego.

Juan Yujra, líder del transporte pesado en Santa Cruz, describe un panorama sin soluciones claras. Señala que la escasez lleva al menos cinco días afectando la logística del sector. “Hemos enviado cartas y no recibimos respuesta”, denunció, refiriéndose a las gestiones sin efecto frente a las autoridades.

Los impactos son significativos. Solo en el oriente boliviano, más de 2.000 transportistas dependen del suministro constante de diésel para movilizar la producción agrícola; a nivel nacional, esta cifra supera los 4.000. La paralización o retraso en estas operaciones afecta no solo los contratos, sino también el flujo de exportaciones, la entrada de divisas y el abastecimiento interno.

Bismark Daza, dirigente del transporte federado, lanzó ayer una firme advertencia al Gobierno: si el problema del combustible no tiene una solución definitiva, el sector implementará medidas de presión que podrían incluir el cierre de fronteras en todo el país.

Daza denunció que el Ejecutivo está subestimando al sector transporte y calificó la situación como insostenible. Aseguró que la escasez es generalizada, dejando “miles de camiones” paralizados en diversas regiones. Como ejemplo mencionó San Julián, donde existen registros en video que muestran largas filas de vehículos sin poder abastecerse.

La coyuntura productiva agrava aún más la crisis. Según la Cámara Agropecuaria del Oriente (CAO), el país se encuentra en plena recolección de una cosecha que abarca unas 3,5 millones de hectáreas, sumado al inicio de la zafra cañera. En este momento del calendario agrícola, cualquier interrupción en el suministro de combustible aumenta significativamente el riesgo de pérdidas económicas.

Las estaciones de servicio también alertan. Desde la Asosur Santa Cruz declararon estado de emergencia, denunciando que YPFB no está cumpliendo con los volúmenes pactados. El resultado es un cuello de botella visible: cisternas que deberían distribuir combustible permanecen inmovilizadas, agravando las filas y la incertidumbre.

Desde YPFB explican que la causa radica en una demanda que superó ampliamente las expectativas. Sebastián Daroca, vicepresidente de operaciones, informó que el consumo de diésel creció cerca de un 40% por encima de lo proyectado, mientras que la demanda de gasolina aumentó alrededor del 15%. Estas cifras, avaladas por la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH), presionaron al máximo la cadena logística.

En Santa Cruz, el consumo diario de diésel pasó de aproximadamente 1,6 millones de litros a cerca de 2,79 millones en los últimos días, impulsado por el incremento en labores agrícolas y el uso intensivo de maquinaria pesada. En algunos casos, las operaciones en el campo se han duplicado.

A este escenario se suma el aumento del precio internacional del diésel, que redujo la capacidad de provisión de actores privados y obligó a que YPFB absorba mayor presión en su sistema de administración. La estatal asegura haber aumentado sus despachos hasta en un 140% respecto a lo habitual, además de reforzar importaciones, almacenamiento y distribución en las zonas de mayor demanda.

El contexto económico añade presión adicional. El sector agroproductivo enfrenta mayores costos en insumos importados, por lo que la escasez de diésel complica aún más una estructura ya debilitada, en un entorno donde el Gobierno ajustó el esquema de subsidios.

Mientras YPFB asegura contar con los volúmenes necesarios y adoptar medidas para normalizar el suministro, el tiempo apremia. En plena cosecha, cada jornada sin combustible retrasa la logística, compromete ingresos, exportaciones y el desempeño de uno de los sectores clave para la economía boliviana.

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